De cómo los homosexuales aprendieron a discriminar después de la aceptación...
Por Esteban Ssey.
No debieron ser ni las 12 del día y yo no debía de tener más de tres horas de sueño cuando recibí un mensaje de texto por mi celular. Se trataba de un tipo al que había conocido hacía mucho, contactado a través de esa conocida página azul donde los hombres gays entran buscando básicamente sexo, aunque también hay uno que otro ingenuo que en su perfil dice buscar desde una relación hasta el verdadero amor… en fin. Seguramente por el sueño interrumpido y el alcohol, que no terminaba de diluirse en mi corriente sanguínea, no podía recordar sus fotografías. El caso es que este hombre de 32 años, con barba, atlético, atractivo, rapado e inter más pasivo (según sus propias palabras), básicamente quería sexo. Y yo también. Acepté a pesar de que él insistía en ver fotografías mías desde todos los ángulos posibles. Llegó una hora más tarde de lo acordado, con un six de cerveza en la mano y diciéndome que le agradaba que tuviera puesto el disco de los M83, pero cuando se sentó en el sillón me dijo: “¿No te importa si sólo tomamos cervezas? Es que la verdad, en las fotos no te veías tan moreno y…”Orgullosamente discriminatoria
El pasado 20 de junio se llevó a cabo en la Ciudad de México la XXXI Marcha por el Orgullo Lésbico, Gay, Bisexual y Transgénero. La tradición indica que siempre se lleva a cabo el último sábado de junio, pero este año tuvo que adelantarse para no alterar el clima electoral. La avenida Reforma se llenó de un mestizo arcoiris donde hombres y mujeres homosexuales disfrazados de sus alter egos consentidos, además de travestis, drags que compiten por la peluca más alta y el vestido con más crinolina, y transexuales desfilaron sobre el asfalto o sobre los largos remolques, gritando su orgullo por una sexualidad diferente a la buga mientras bailaban a ritmo de un mix de Kate Perry o de la Trevi. Me pregunto si se sintieron igual de orgullosos más tarde, en las fiestas y en las deliciosas y orgiásticas bacanales de baile y sexo cuando, al momento de ligar, la discriminación se vuelve un ejercicio casi obligatorio: nadie quiere terminar la noche con un moreno, un gordo, un maduro o alguien que no sea gente bien; con una jota, un chichifo, un oso, un bofo, una vestida.
En su introducción al libro La nueva homosexualidad, Marina Castañeda escribe: “En la última década, el matrimonio gay se ha aprobado en más de 20 países. Han tenido un gran éxito comercial diversas películas y series televisivas con temática gay, que presentan a personajes homosexuales sanos, atractivos y a todas luces ’normales’ revirtiendo así una larga tradición de imágenes negativas. La moda y la publicidad han promovido un erotismo bisexual, antes impensable, ahora chic”. Castañeda tiene toda la razón, pero, ¿existirá acaso en esa “normalidad” televisiva, en esa publicidad chic, una delgada línea donde se pierda fácilmente la noción entre la inclusión y la exigencia brutal de cumplir con un estereotipo de lo que es ser gay? ¿En que momento la homosexualidad pasó de ser una preferencia a un estilo de vida demandante? ¿Cuándo fue que la lucha se dio por vencida ante una mercadotecnia cínica e hipócritamente incluyente? Porque en la televisión y la publicidad las figuras homosexuales, casi siempre masculinas, son presentadas como hombres con cuerpos perfectamente trabajados, el cutis cuidado, una moda calculada, un estilo de vida más que definido y una sensibilidad muchas veces trillada y por demás chafa. Series como Queer as folk y Will and Grace mostraron al mundo un estilo vida gay rodeado de hombres atractivos sin problemas económicos o conflictos sentimentales.
El pasado 20 de junio se llevó a cabo en la Ciudad de México la XXXI Marcha por el Orgullo Lésbico, Gay, Bisexual y Transgénero. La tradición indica que siempre se lleva a cabo el último sábado de junio, pero este año tuvo que adelantarse para no alterar el clima electoral. La avenida Reforma se llenó de un mestizo arcoiris donde hombres y mujeres homosexuales disfrazados de sus alter egos consentidos, además de travestis, drags que compiten por la peluca más alta y el vestido con más crinolina, y transexuales desfilaron sobre el asfalto o sobre los largos remolques, gritando su orgullo por una sexualidad diferente a la buga mientras bailaban a ritmo de un mix de Kate Perry o de la Trevi. Me pregunto si se sintieron igual de orgullosos más tarde, en las fiestas y en las deliciosas y orgiásticas bacanales de baile y sexo cuando, al momento de ligar, la discriminación se vuelve un ejercicio casi obligatorio: nadie quiere terminar la noche con un moreno, un gordo, un maduro o alguien que no sea gente bien; con una jota, un chichifo, un oso, un bofo, una vestida.
En su introducción al libro La nueva homosexualidad, Marina Castañeda escribe: “En la última década, el matrimonio gay se ha aprobado en más de 20 países. Han tenido un gran éxito comercial diversas películas y series televisivas con temática gay, que presentan a personajes homosexuales sanos, atractivos y a todas luces ’normales’ revirtiendo así una larga tradición de imágenes negativas. La moda y la publicidad han promovido un erotismo bisexual, antes impensable, ahora chic”. Castañeda tiene toda la razón, pero, ¿existirá acaso en esa “normalidad” televisiva, en esa publicidad chic, una delgada línea donde se pierda fácilmente la noción entre la inclusión y la exigencia brutal de cumplir con un estereotipo de lo que es ser gay? ¿En que momento la homosexualidad pasó de ser una preferencia a un estilo de vida demandante? ¿Cuándo fue que la lucha se dio por vencida ante una mercadotecnia cínica e hipócritamente incluyente? Porque en la televisión y la publicidad las figuras homosexuales, casi siempre masculinas, son presentadas como hombres con cuerpos perfectamente trabajados, el cutis cuidado, una moda calculada, un estilo de vida más que definido y una sensibilidad muchas veces trillada y por demás chafa. Series como Queer as folk y Will and Grace mostraron al mundo un estilo vida gay rodeado de hombres atractivos sin problemas económicos o conflictos sentimentales.
La homosexualidad no se escoge, el estereotipo sí…
Una vez me ligué a un tipo cercano a los 37 años y bastante musculoso. Cuando llegamos a mi departamento se me ocurrió poner el Goo de Sonic Youth. No terminaba “Dirty Boots”, el primer track, cuando mi ligue se empezó a poner nervioso: dijo que yo no era gay, que seguro era de ésos que ligaba gays para asaltarlos, que “la música que escuchas no es nada gay”. Me disculpé y tuve que confesar que a mí la Trevi me ponía nervioso.
Castañeda apunta que: “Los homosexuales gozan en la actualidad de una aceptación a la vez superficial y precaria. La homofobia subsiste en muchos niveles. Paradójicamente, los homosexuales son considerados normales sólo si quedan al margen de la vida ’normal’; son aceptados como cualquier gente sólo si no tratan de volverse realmente como cualquier gente”. Entonces ¿qué pasa cuando los homosexuales repiten el mismo patrón de los bugas, es decir, cuándo son capaces de convivir en una marcha, pero en la intimidad de un departamento consideran que los “gays normales” no deben escuchar a Sonic Youth pero sí a Cher? ¿Dónde queda pues la diversidad que tanto reclamaba el movimiento?
Una vez me ligué a un tipo cercano a los 37 años y bastante musculoso. Cuando llegamos a mi departamento se me ocurrió poner el Goo de Sonic Youth. No terminaba “Dirty Boots”, el primer track, cuando mi ligue se empezó a poner nervioso: dijo que yo no era gay, que seguro era de ésos que ligaba gays para asaltarlos, que “la música que escuchas no es nada gay”. Me disculpé y tuve que confesar que a mí la Trevi me ponía nervioso.
Castañeda apunta que: “Los homosexuales gozan en la actualidad de una aceptación a la vez superficial y precaria. La homofobia subsiste en muchos niveles. Paradójicamente, los homosexuales son considerados normales sólo si quedan al margen de la vida ’normal’; son aceptados como cualquier gente sólo si no tratan de volverse realmente como cualquier gente”. Entonces ¿qué pasa cuando los homosexuales repiten el mismo patrón de los bugas, es decir, cuándo son capaces de convivir en una marcha, pero en la intimidad de un departamento consideran que los “gays normales” no deben escuchar a Sonic Youth pero sí a Cher? ¿Dónde queda pues la diversidad que tanto reclamaba el movimiento?
Lo naco se paga
Después de mucho insistirle mediante mensajes en el chat competencia de la página azul, mi presa aceptó cuando le dije que era periodista. Su repregunta, “¿de espectáculos?”, fue seguida de un “ah, periodista, entonces eres gente bien”.
Curiosamente, la comunidad gay cada vez se parece más a los sueños rosas de muchas mujeres educadas con el concepto de la esperanza en un príncipe azul —caballeros guapos de buena posición social— pero, a diferencia de las féminas que ansían casarse, tener hijos y formar una institución familiar envidiable, la mayoría de los gays buscan el hombre perfecto para una sola noche de pasión.
El psicólogo egresado de la UNAM y especialista en temas de terapia en hombres homosexuales, Hernán Paniagua, escribió en 2007 el ensayo “La discriminación al interior de la comunidad gay”, donde señala: “Lo que sucede es que frente a una falta de aceptación de la propia homosexualidad, existe la idea irracional de que, de establecerse contacto con personas notoriamente homosexuales (peyorativamente llamadas ’afeminados’), la propia homosexualidad se potenciará; es decir, es el temor de que uno se volvería más obvio, más ’afeminado’, como por contagio. El homoerotismo ajeno causa mucho ruido, en tanto que el propio constituye todavía una dura carga”.
Después de mucho insistirle mediante mensajes en el chat competencia de la página azul, mi presa aceptó cuando le dije que era periodista. Su repregunta, “¿de espectáculos?”, fue seguida de un “ah, periodista, entonces eres gente bien”.
Curiosamente, la comunidad gay cada vez se parece más a los sueños rosas de muchas mujeres educadas con el concepto de la esperanza en un príncipe azul —caballeros guapos de buena posición social— pero, a diferencia de las féminas que ansían casarse, tener hijos y formar una institución familiar envidiable, la mayoría de los gays buscan el hombre perfecto para una sola noche de pasión.
El psicólogo egresado de la UNAM y especialista en temas de terapia en hombres homosexuales, Hernán Paniagua, escribió en 2007 el ensayo “La discriminación al interior de la comunidad gay”, donde señala: “Lo que sucede es que frente a una falta de aceptación de la propia homosexualidad, existe la idea irracional de que, de establecerse contacto con personas notoriamente homosexuales (peyorativamente llamadas ’afeminados’), la propia homosexualidad se potenciará; es decir, es el temor de que uno se volvería más obvio, más ’afeminado’, como por contagio. El homoerotismo ajeno causa mucho ruido, en tanto que el propio constituye todavía una dura carga”.
No soy monedita de oro…
Recuerdo una vez en el cuarto oscuro de un extinto bar leather, ubicado en la calle de Hamburgo en la Zona Rosa de la Ciudad de México, cuando un señor moreno de más de 40, de rasgos toscos, el pelo rebelde, grasa acumulada en el estómago y unos lentes de aumento pasados de moda intentaba tener sexo con los que ahí deambulábamos. Nadie quería tocarlo. Un hombre delgado con peinado en gel y tal vez 27 años le gritó: “¡Házte para allá, pinche naco!”, aventándolo a una esquina donde tropezó y su cabeza se estrelló contra el filo de la herrería de una ventana. Tuvieron que bajarlo a una ambulancia a pesar de que el señor decía que estaba bien y quería quedarse. Al joven nadie le dijo nada. Seguramente el de 27 años no vivió las tremendas golpizas que sufrieron los homosexuales en los años setenta, no por intentar ligar o robar un beso, sino por el simple hecho de asumirse como diferentes frente a una sociedad que creía tener el poder de condenar aquello que rompiera su hipócrita normalidad.
“Acotemos que también está el derecho a defender los gustos personales: quizá no me gusten los hombres de baja estatura y no por ello estoy discriminando, es cierto, sin embargo, puedo expresar lo que prefiero de una manera en la que no vaya implícito una agresión hacia quienes no son altos, o hacia quienes tienen una forma de ser más femenina” opina Hernán Paniagua.
Recuerdo una vez en el cuarto oscuro de un extinto bar leather, ubicado en la calle de Hamburgo en la Zona Rosa de la Ciudad de México, cuando un señor moreno de más de 40, de rasgos toscos, el pelo rebelde, grasa acumulada en el estómago y unos lentes de aumento pasados de moda intentaba tener sexo con los que ahí deambulábamos. Nadie quería tocarlo. Un hombre delgado con peinado en gel y tal vez 27 años le gritó: “¡Házte para allá, pinche naco!”, aventándolo a una esquina donde tropezó y su cabeza se estrelló contra el filo de la herrería de una ventana. Tuvieron que bajarlo a una ambulancia a pesar de que el señor decía que estaba bien y quería quedarse. Al joven nadie le dijo nada. Seguramente el de 27 años no vivió las tremendas golpizas que sufrieron los homosexuales en los años setenta, no por intentar ligar o robar un beso, sino por el simple hecho de asumirse como diferentes frente a una sociedad que creía tener el poder de condenar aquello que rompiera su hipócrita normalidad.
“Acotemos que también está el derecho a defender los gustos personales: quizá no me gusten los hombres de baja estatura y no por ello estoy discriminando, es cierto, sin embargo, puedo expresar lo que prefiero de una manera en la que no vaya implícito una agresión hacia quienes no son altos, o hacia quienes tienen una forma de ser más femenina” opina Hernán Paniagua.
Encuentra las diferencias
Después de la marcha me fui a una fiesta. Allí, un tipo se me acercó para darme unos besos. Tenía el cabello con un copete perfectamente peinado y los brazos musculosos. Cuando me levantó la camiseta y vio mi cintura talla 34 me dijo: “No mames, todo iba tan bien, aquí lo arruinaste todo”, mientras me picaba la panza con el dedo índice.
La Campaña Nacional Contra la Homofobia “La homosexualidad no es un problema, la homofobia sí”, nos pregunta “seguramente has escuchado o has dicho algunas de estas frases. ¿Sabías que tales expresiones son parte de la homofobia?”. Las frases son: Cuéntame un chiste de maricones. Pásamela a mí, yo le quito lo lesbiana. Tengo un amigo gay, pero es buena onda. No llores, pareces vieja, te vas a volver puto.
Pero en la famosa página azul de encuentros abundan frases como éstas:
“HOLA BUSCO CUATES LO QUE SE DE. . . BUEN PEX POS GUAPOS ES UN PLUS!!!! NO REGORDETES NO ME GUSTAN.
Después de la marcha me fui a una fiesta. Allí, un tipo se me acercó para darme unos besos. Tenía el cabello con un copete perfectamente peinado y los brazos musculosos. Cuando me levantó la camiseta y vio mi cintura talla 34 me dijo: “No mames, todo iba tan bien, aquí lo arruinaste todo”, mientras me picaba la panza con el dedo índice.
La Campaña Nacional Contra la Homofobia “La homosexualidad no es un problema, la homofobia sí”, nos pregunta “seguramente has escuchado o has dicho algunas de estas frases. ¿Sabías que tales expresiones son parte de la homofobia?”. Las frases son: Cuéntame un chiste de maricones. Pásamela a mí, yo le quito lo lesbiana. Tengo un amigo gay, pero es buena onda. No llores, pareces vieja, te vas a volver puto.
Pero en la famosa página azul de encuentros abundan frases como éstas:
“HOLA BUSCO CUATES LO QUE SE DE. . . BUEN PEX POS GUAPOS ES UN PLUS!!!! NO REGORDETES NO ME GUSTAN.
POR FAVOR LINDOS OK LEAN BIEN DONDE DICEN LINDOS ES LINDOS OK NO FEOS NO ME GUSTAN.
NO NACOS Y SUCIOS”.
El antropólogo físico Xabier Lizarraga Cruchaga, especializado en sexualidad humana y autor del libro Una historia sociocultural de la homosexualidad, interrogado sobre la discriminación en la comunidad gay respondió: “En parte se debe a la homofobia y a lo que hemos aprendido en sociedad: homofobia, misoginia, clasismo, racismo. México es un país profundamente racista y no lo queremos aceptar. No somos racistas con el negro, porque si el negro está hospedado en un hotel cinco estrellas y paga en dólares lo adoramos. Somos racistas con los indígenas, con nosotros mismos”.
El antropólogo físico Xabier Lizarraga Cruchaga, especializado en sexualidad humana y autor del libro Una historia sociocultural de la homosexualidad, interrogado sobre la discriminación en la comunidad gay respondió: “En parte se debe a la homofobia y a lo que hemos aprendido en sociedad: homofobia, misoginia, clasismo, racismo. México es un país profundamente racista y no lo queremos aceptar. No somos racistas con el negro, porque si el negro está hospedado en un hotel cinco estrellas y paga en dólares lo adoramos. Somos racistas con los indígenas, con nosotros mismos”.
Esteban Ssey
Tomado de la revista Milenio.



8 comentarios:
hola primera vez que escribo y opino pero tienes toda la razon existen muchos cliches y estereotipos dentro da la misma "comunidad" o "cultura" que pensando con detenimiento esa "comunidad" no ayuda ni aporta nada a la sociedad tengo 20 años y ser gay es que te guste RBD no creo sigue adelante muy chido tu blog de mis favoritos por favor habla de Baby Dee
Soy de chile, y honestamente la realidad no es muy distinta, aunque siempre existen grupos aislados, por los mismos homosexuales por cierto, que comprenden lo detestable del estereotipo del deber ser homosexual que te venden los medios y los propios maricones. Ser homosexual en Chile quizás no es una tarea tan difícil en estos tiempos, aunque aún queda mucho por avanzar en ese sentido. Solo una reflexión: los homosexuales, al ser seres humanos, coincidimos en la distribución intelectual de los mismos, por ende, siempre van a existir los acéfalos, quienes no tienen independencia intelectiva al fin. Creo que la estupidez no tiene que ver con la sexualidad, es una cuestión de especie.
¿Velvetina no seas liosina, es acaso esto una provocación? ¿O acaso te entró nostalgia por las discusiones de la comuna de hace 20 años, shula? Esto parece un ANODIS.COM REMIX, chava. No seas mala ondita y dale un poco más de crédito infonavit a tus lectrices, yo sé que no es tuyo el textrix, pero y qué va decir la gente de ti... USH USH
(Harè lo que tù, pero con un DIXIT de a devis....continuará)
Ay y Ush Ush con estas mediocrancias, pero así es.
siempre tan envidiosos, por que no hay otra palabra, tratan de medir a los demás con su pequeñísimo metro, sólo para no sentirse menos ... tan veracez ! como los chismes de la Chapoy D:
El problema es crentalizar la hosexualidad, sexualizar la vida.
Si sólo sustentas una vida en SER loquesea-sexual, habrá líos y se cairán en clichés.
Somos personas, simplemente
Interesante entrada, porque, bueno, hay muchas clases de homo; supongo que si la peña se identifica con los personajes que fueron a Oz es porque, eeen fin, ellos hacen un viaje horroroso, cantando canciones, culpables de caer en el mundo, en busca de algo que ya tienen... el viaje hacia la aceptación.
Y luego, está demostrado que si te han discriminado, es más fácil que sigas la cadena; ellos a nosotros, nosotros entre nosotros, porque no llevas el pelo de punta ni usas tal marca.... Pero es que... el muuuundo es así; o la parte que hace más ruido, que es lo que hay que recordar, para luego olvidarlo todo ;)
Besos de cierto pelo
Asi es el mundo lamentablemento, tengo la misma opinion que Hal 9000 y aparte con una sociedad tan superficial donde por lo que escuchas como te vistes o la tonalidad de tu piel te clasifican, con eso de que por ser metalero y desaliñado nadie crea que soy homosexual ¬¬
la sociedad es un hoyo, somos victimas de los estereotipos todos y aunque es algo triste no se podra cambiar, al menos no en mucho tiempo... para mi es igual de complicado, y de hecho me paso algo muuy parecido a lo de Sonic Youth, y me ha pasado con Bauhaus. Es frustrante que los mismos gays que se supone somos "una comunidad" te juzguen por la ropa que usas, tu corte de cabello o la musica que oyes, no hay aceptacion, o almenos no es total.
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