
Como un compilado de lados b o una de las tantas series para melómanos (digamos, la popular LateNightTales o las sesiones DJ Kiks), aparece desde hace tiempo el libro The Best American Non-Required Reading: antología un tanto irreverente, un tanto formal, de cuentos, ensayos, reportajes y cómics que, sin haber sido dejados como tarea o marcados por el canon cultural, les parecen altamente recomendables a un comité de estudiantes de high school de la Bay Area de San Francisco. El encargado del proyecto es el editor Dave Eggers, también fundador de la interesante revista McSweeney’s, de la que ya habrá oportunidad de hablar.
Menciono el libro porque, al menos, dos secciones de su reciente edición caben en este blog:
a) Su ociosa y melómana lista de “Los mejores nombres de bandas nuevas de 2008", que reporto de manera abreviada. Comparemos y recordemos lo escuchado de un lado y otro de la frontera:
The Band of Heathens, The Besnard Lakes, Birds and Batteries, Blind Dog Aussie, Blood Orgy, Castles in Spain, Chowder Monkey, Dirty Little Rabbits, Dodobird, Dr. Dog, The Famous Polka Squad, Foxboro Hottubs, The Fucking Buckaroos, Great Lake Swimmers, Handsome Furs, Harry and the Potters (ésta me recordó la banda que un amigo quería hacer: José Emilio y sus Pachecos), Hercules and Love Affair, Infamous Stringdusters, J.U.S.T.I.C.E., Japanther, Junior Boys, L3-16 (wtf?), Lighst Down Low, The Muslims, Ninjasonic, Plants and Animals, Polkadot Cadaver, Rodentina, The Sadies, The Shaky Hands, Stonehigh, Tinkture, Tokyo Police Club, One Cup, Two Hours Traffic, Vampire Weekend (efectivamente, los escuché porque su nombre me gustó, pero las portadas ayudaron bastante a ubicarlos como un grupo más bien de felices trasnochados que de rockeros malditos) y We Be the Echo.
b) La selección del comic Queen of the Scottish Faires, de la ilustradora Rutu Modan: la historia de un niño que le gusta vestir falda y todo lo que esto genera entre sus padres y demás familiares. Nadie quiere ser homófobo con un niño, (o tal vez sí, pero no especialmente sus padres, o tal vez sí), así que los prejuicios y argumentos típicos sobre el tema se tambalean y se hacen nudos. Tal vez el tema ahora es un cliché, pero es rescatable tanto el estilo gráfico de la autora como el nicho generacional del que salió. Si bien, son chicos y chicas de San Francisco familiarizados con la temática homosexual, no recuerdo otra inserción similar en una antología masiva. Además de la motiviación artística, me parece evidente la intención de hacer divulgación sobre el tema (si no, cómo explicar su breve recapitulación de las convenciones sobre la moda en otras épocas). Buena cosa para mirar, sirve de paso revisar otros trabajos de Modan y de visitar página y blog de The New York Times.



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