Es sabido que la gente que determina la alta cultura termina volteando hacia el lumpen para definir las corrientes que determinarán "lo nuevo", "lo avant". La burguesía que determina quien o qué es lo que marcará su propia terminología de "in".
Esto viene a colación porque John Cameron Mitchell llegó de la mano de Marcelo Cunning, del dueto Nacotheque (establecidos en NY), para recetarnos una "divertida" noche de música "naca", comercial, popera y nada, pero nada rockera.
Uno esperaba que Mitchell (para lo no iniciados: actor, director, cantante y demás que tiene en su haber esa maravilla fílmica que es "Hedwig and the Angry Inch" y que en estos lares se le venera con una ferviente y casi ciega admiración) llegara con, por lo menos, un afiche de esa espectacular muestra de rock y kitsch que fue Hedwig, pero no. Llegó de comparsa de Cunning, un dj mediocrón que hace de la "fiesta latina" su modus vivendi.
Decir que Cameron Mitchell es dj es como decir que Paulina Rubio tiene talento innato. La Mitchell no es dj. Ni mucho menos es un artista performancero o multidisciplinario. Es simplemente un director gay que ha hecho dos peliculitas decentes; una, magistral. Pero de ahí a que se le venere como la última Coca Cola del desierto ya es cosa seria.
En la presentación de "Shortbus", en su última visita al DF, Mitchell tocó con algunos actores de la cinta y hasta se echó palomazos con alguno que otro miembro de este blog, entonando rolas del musical aquél.
Uno esperaba eso, pero resultó un fiasco nacoteco. Mitchell se paró detrás de la tornamesa solo para echarle porras a Marcelo Cunning, pasarle algunos viniles, chupar chela, aplaudir en los momentos álgidos, bailotear y posar para las múltiples fans (mea culpa) que se dejaron caer al Malva no sólo para verlo sino para tocarlo o escucharlo, pero a cambio recibió una "tocada" de discos Nacos disfrazados de "buena onda" y "diversión".
El concepto Nacoteque tiene un aire de ironía y sarcasmo que se siente más como un toque de superioridad y mamonería. "Música de calidad para gente corriente" que más bien parece tratar de decir que es justamente lo contrario: ¿desde cuándo acá a los fresas les gusta la música naca? "Gooooeeeeiiiii, es lo de hoy, ¿no?". Sólo si lo naco es chido entonces es naco porque si no es chido no es naco.
John Cameron Mitchell pareció decir que la música que él presentaba tenía que tener un aire de mexicanismo de postin, de postal, de estoyenNuevaYorkporquesoycosmopolita. No sabía que el aire de Nacoteca ya está muy choteado. Que una vez es gracia, dos veces aburrimiento. Que a pesar de que ellos fueron los pioneros, la neta otros pinchan mejores discos o hacen de la diversíón algo más desmadroso y no las consabidas y resobadas rolas de Emmanuel, Yuri, Timbiriche y demás esperpentos, repetidas hasta la náusea.
Aquí no hubo ni un chispazo de genio á la Hedwig; más bien fue un resumen de música mala en loop infinito de pose dizque irónica bailada, tocada (es un decir) y aplaudida por los mismos.
Para poses sin pose, chequen este comentario roqueril del Thiago profesando admiración por Bruce Springsteen, y no alabando a divas del pop horrendo con sentido burlesco dizque irónico tipo Raffaella Carrá que pone este ídem dj.
Y aquí verán las fotos y poses de la gente que acudió a tal evento, cortesía del Miki.
Y para más diversión (y si están en la Ciudad de México) pásenle a escuchar a Pavel en el Marrakech que sus noches son más divertidas, uno se da taco de ojo y baila muchísimo mejor que la Cunning y la Mitchell juntas. ¡He dicho!
Prócimamente en Rockeros Gay: el nuevo disco de Antony and the Johnsons, el estado de la música lésbica, Kele Okereke vs. Sex Pistols, Jay Brannan, la veldá de Kevin Barmes (Of Montreal), Sigur Ros y su jotografo, más bufes, más camp y menos Nacotheque en su blogcito de confianza...







Owen Pallett, de Final Fantasy, nos enseña, tímido, su hermoso culo. El tono sepia de la foto parece darle un aire de nostalgia y melancolía amorosa. Owen se recarga en un horno como señal de espera del amado, cocinándole canciones en un horno moderno y desfasado. Espera, desnudo, que su muso irrumpa en cualquier momento. Stephin Merritt, mientras tanto, fuma en una cama desvencijada mientras elucubra su siguiente melodía. El mejor compositor americano vivo, esconde tras su prolija panza, textos de inquisidora belleza.










Comparado con esa otra diva que es Rufus Wainwright, el buen Chris Garneau, proviene de Brooklyn y se muestra renuente ante las comparaciones con Rufus (Me parece frustrante, ha dicho). Trata de emparentar su sonido con Elliott Smith (ese sufrido artista) de quien adapta "
También lleno de baladas y hasta orgánico, 

