martes 28 de julio de 2009
Próximos conciertos
Al día siguiente, 1 de octubre, en el Auditorio Nacional, el dueto de electropop Pet Shop Boys ofrecerán al público su más reciente trabajo (y show).
Y el sábado 3 de octubre (y el domingo 4), Depeche Mode hará lo propio en el Foro Sol.
¿Qué tienen en común estos tres artistas? Por supuesto, son bandas queridas por este blog; se escribe de ellas, se las bufan, se les aman (u odian) pero, sobre todo, se les respeta.
Y las tres son inglesas.
Y son bien jotas y rockeras (no hay ni a cuál irle: los amaneramientos de Dave Gahan, el queerness de Neil Tennant y la trisexualidad de Brian Molko).
Así que, ¿habrá comitiva? Tod@s al Amo de los Boletos. Yo ya me agencié todo el tour.
viernes 24 de julio de 2009
Una rolita conceptual
Rain or shine or life
Or death
If he find him in this lifetime
He will know when he looks into his eyes.
Why do I roam when I know you´re the one
Why do I run when I feel like holding you
Everywoman has a woman who loves her
If she finds her in this lifetime
She will know when she presses her ear to her breast
Why do I roam when I know you´re the one
Why do I run when I feel like holding you
Everyman has a man who loves him
Everywoman has a woman who loves her
Why do I roam when I know you´re the one
Why do I run when I feel like holding you.
La rola inicialmente se titulaba "Every man has a woman who loves him" pero en el álbum "Yes, I´m a Bitch", Yoko Ono (la perra del rock más grande después de Julissa) y la banda inglesa Blow Up se encargaron de hacerle un mejor tratamiento; de ahí nació este remix que, por supuesto, se refiere a relaciones lésbico-gays.
La rola también ha sido versionada por Basement Jaxx y demás artistas de música electrónica.
Una curiosidad más en el canal de sus RockEllas.
lunes 20 de julio de 2009
Leathermouth
Bueno, la señora ésta se ha dedicado a elaborar un proyecto alterno de punk hardcore para dicha (o desdicha) de todas las señoritas que consideran a este señor una bomba sexy.
Leathermouth que oficialmente consiste sólo de Iero en la voz y de Rob Hughes en la guitarra se especializan en una particular forma de hardcore que combina un poco de doom metal y un poco de grindcore, todo con la voz hipermasculina de nuestr@ artista en cuestión y letras re-torcidas.
Aunque con un disco de solo diez tracks en 21 minutos de duración, los Leathermouth ciertamente no son la banda que descubrirá el hilo negro ni mucho menos será el parteaguas del movimiento queercore, pero el álbum "XO", por lo menos, será recordado como la completa experiencia antiMCR que, para algunos, les resultará placentero.
Aunque a mí, en lo parecer me suene exactamente a las mil bandas que pululan en ese ambiente.
viernes 17 de julio de 2009
La carrera porno de Rob Halford

Próximamente en Rockeros Gay: más de Judas Priest, más trivias rockerish, American Music Club, Antony en Rock Deluxe y Matmos desnudos en Butt, el análisis crítico de "The Crying Light", asianpunkboy, Frank Iero, Sigue Sigue Sputnik, Nico Muhly, más comentarios de todo el mundo, más chisme, más sexo y más ondas jotitas desde su blog de confianzas...
sábado 11 de julio de 2009
Bisexuales

jueves 9 de julio de 2009
Más de Antony
My Robot Friend es como se le conoce a Howard Robot, un artista y productor de Nueva York y que ha fungido como acto de apertura para artistas gay como Scissor Sisters, Le Tigre y Herbert. Con la dinámica de un acto dance así como el alcance de un performance.
Ha editado tres discos que sirven de base dance para los antros de NY.
Ha remezclado canciones de los Pet Shop Boys, Matmos y Robbie Williams entre otros.
Esta es su colaboración con Antony:
miércoles 8 de julio de 2009
Óscar Sánchez - Recaudación de fondos para "Familias Mexicanas"

No falten, chavos, vayan a ponerse bien rockulebrias este jueves al Marra; recuerden que Óscar Sánchez es el jotógrafo oficial de la comuna y cuando salga la antogía ilustrada de las Re-Rocks y demás eventos de l@s rocker@s gais del Defe, será él quien escoja las mejores poses de su, bien lo sabemos, enorme acervo de fiestas gairockeras.
jueves 2 de julio de 2009
Modos de co-patéticas atrapadas entre nodos...¿co-poíeticos?
54d] Hay nodos co-poiéticos y hay modos co-patéticos: los nodos co-poiéticos, evidentemente, se interrelacionan y extienden su cuerpo y sentido, sus líneas de pronunciación de escote, el volumen de sus hilos (el crepé de su peluca) y la densidad de sus hebras hacia la producción y reterritorialización de un poder que tenga como hilo conductor la belleza en la reapropiación de la circunstancia política-personal a modificar(ahí radica necesariamente lo poi-ético), preferentemente con miras a lograr un grado distinto -siempre distitno- de sublimidad en el trazo y los grafos que entraman la red del tejido o la prenda que se busque intervenir, todo con el firme objetivo de lograr un estilo dis-loca-ente, muy a la M.I.A, muy a la Winehouse(so 5 minutes ago), muy muxe de avanzada, muy moderna retro-degra-dadá;
54b] los modos co-patéticos, por su parte, se me figura, son como el nodo de “Tejido fácil”, tejido de ganchillo, reproducción de un patrón que cada vez se cierra más y, ni siquiera sus aspir-acciones consiguen crear con ello una malla ideológica firme y flexible: modershna(de mierda) en una palabra. Así pues, lo co-patético es lo que se padece junto a la otra, que en la marcha existencial el andamiaje de sentido de signos y de cuerpos dejan de importar (Cf. La BUTTler) porque la una es idéntica a la otra, ambas prendas prendadas de su cartografía cartesiana- muy corte-sana: los contrapuntos en estos cortes tienen poca confección.
CD00] Ahora bien, la condición de categoría imperativa en ellos se juega como debe hacerlo y lo hace bien: como una polifonía simultánea tocada en monoaural (Cf. Bajtin), donde la multiplicidad de discursos, mantiene la nomenclatura separada y simultánea (¿ordenada?), haciendo del discurso un ruido –todo muy sonic youth-; además, acá, el sonido stereo y el sourround 5.1 permanecen como huellas y espectros del futuro, como lo real imposible ante el registro simbólico de sus semén-ticas gestadas ya gastadas. El intento del corpus gay por ejercer su goce se queda en el despilfarro irresponsable e irrespondible de su carácter político, ya que evidentemente, se pagan los permisos de la fiesta del santo del pueblo(la marchita) con las limitaciones y sacrificios a lo largo del año; así que lo único que ocurre es la reaparición de la nomenclatura en un orden infantil, como las tablas rítmicas el día de las madres: ahí viene a A, con las dos patitas muy abiertas al marchar, ahí viene la E… y así con la L, la G, la B, las Tes, y la I…
[mezzanine]
La falta de la representación (die lust der Vorstellung) es en este caso más impensable que imposible, la imagen se encuentra agotada en sus aparentes completudes, los vacíos, por su parte están señalados de antemano, como las grietas de una pintura que no se rellenan para proyectar la conservación purista de una estructura que da lugar (¿pero realmente da lugar?) a lo realmente otro, a aquello que amenaza con destruirlo. Más que dar lugar, yo diría que se “deja estar”. En el increíble y tristísimo caso del cándido canon gay mejicano y su “sociedad” desalmada la fisura es la grieta en la que se escapa y se ahoga el discurso en su narcisismo, no desde la que se abre la diferencia y se levanta la ominosidad de la monstruosidad ctónica de lo torcido.
k] La disidencia ante la disidencia no es coinicidencia con lo que discorda el primer disidente, es una giro más en el oropel, una grieta más en la monalisa. "Favor de no restaurar las grietas"
En respuesta, admirada, del post de la Maestre Polari, expuesta dos post abajo, también por mí, pero, evidentemente, articulado, curado, por Chochos Glamm.
La Marchita: de la curaduría de terciopelo
Crónica lapolariana de la marcha y un apunte curatorial
Ni marcha ni carnaval, un mero desfile de deslindes
Franka Polari
Semiosis, mimesis y estrategias textuales: apuntes al canon gay
Por Kitschia Duchamp
“El aforismo, la sentencia en que yo soy maestro y el primero entre los alemanes, son las formas de la “eternidad”; mi ambición es la de decir en diez frases lo que otro dice en un libro, lo que ningún otro dice en un libro”
Friedrich Nietzsche
La obra aforística de Franka Polari hay que ubicarla en un área ex/centrica del pensamiento lésbico-gay, es teoría torcida, sin anglicismo por delante. Tal como ella lo ha afirmado, “la teoría queer es a los estudios lésbico-gays, lo que Franka Polari es a la teoría queer”. Si bien para Deleuze los aforismos rompen la unidad lineal del saber, por su ambigüedad barroca precisan de una cura, de una interpretación casi en el sentido analítico, dicho de otra manera, de hacer hablar al síntoma. Aquí es donde se proclama una declaración curatorial, para acotar, connotar y anotar la polifonía de la voz de este personaje que al margen de la academia, tuerce la teoría, y casi en la orilla del activismo, retuerce las acciones.
No hubo marcha, no hubo carnaval, tan sólo un rompimiento de filas, un des/filamiento que debemos entender como un desbordamiento subjetivo, una diferenciación en la co/emergencia de subjetividades, una creación colectiva en el sentido de Bracha Ettinger: un momento co-poietico de los flujos est/éticos. Franka Polari, en su aforismo, afirma cómo el espacio matrixial, el filamento (πόρος) intersubjetivo se revela mucho más complejo que la malla ideológica que buscó en/filar la semiosis (σημείωσις) queer (la produccion de signos, sentidos, y connotaciones de las multitudes queer) hacia la (re)creacion de un texto: un "pronunciamiento político" discurrido por un nodo específico de la actual iconografía de las correlaciones de carne, saber y poder. Algunos podrían definir al nodo como la condensación de líneas de enunciación, visibilidad y poder; otros lo podrían describir como una serie de normas, acuerdos y procesos instituyentes, y algunos sólo dirían que es un conjunto de agentes, grupos e instituciones en homeostasis estratégica. Para visualizar la relación que un nodo emisor de un mensaje mantiene con un número limitado de nodos receptores, nudos de alteridad y semejanza, tendríamos que echar mano de conceptos de la teoría de grafos: el grado nodal, el volumen de lazos, los agujeros estructurales, las matrices adyacentes, los lazos orientados y el grado de intermediación, entre otros. Ya que lo personal es político y esta ecuación reversible, este no es el momento ni el lugar de trazar tal iconografía de las correlaciones.
Volvamos a la operación escriturante de la Nomenklatura, a la que bien podemos denominar como el sujeto de la com/posición política de un cierto canon gay. El "pronunciamiento político" es un texto de esencialismo estratégico, es isomórfico al flujo prostético del canon gay, ese je-ne-sais-quoi, ese tartamudeo del nombre propio, esa supuesta eufonía del vocablo lésbicogaytransgenerotransexualtrans (sic), estas letras dan cuenta de la inocente catacresis de dicho texto. Es preciso ahondar en estos vocablos: prosthesis (πρόσθεσις) y catachresis (κατάχρησις), adición y abuso, la adición de un fonema y el abuso de una figura retorica, estos describen a la perfección el abuso de la adición de nomenclatura a esa impropia prótesis que tiene por nombre "comunidad gay". Estos conceptos dan cuenta de la naturaleza inexacta, errónea e incompleta de los estilos, códigos, y gustos que emanan del Canon Gay, tales como "comunidad trans", "club leather" o "sororidad lésbica", metáforas inscritas en el corpus gay: en el cuerpo, en el lenguaje, en el espacio y en los dispositivos de carne, saber y poder.
El Canon Gay debe ser entendido en el sentido más puro del término: una lista arbitraria, un catálogo de normas, una regla de proporción que apunta al ideal y un modelo de características perfectas que adquiere la condición de categoría imperativa. Sin embargo, se le debe entender también como una modalidad de la trama intersubjetiva, es decir una composición de voces a contrapunto, con áreas de consonancia y disonancias. Igualmente este concepto coquetea con su sentido más eclesiástico: una decisión conciliar sobre un dogma y la colección de textos considerados sagrados (sin olvidar el guiño patriarcal del paternoster). Al igual que el canon literario, es una especificidad normativa de estilos y gustos, un discurrir semiótico, y una resignificación del texto que lo hace capaz de mantener un equilibrio entre su heteroglosia interna y su identidad unitaria. No hay que entender el Canon Gay en el sentido de Eve Kosofsky Sedgwick, es decir, como la deconstrucción afirmativa de un canon masculino hegemónico de coacción a través de la sujeción erótica siamesa: homoerotismo y homofobia. Igualmente, el imperativo est/ético de instituir la transversalidad de lo Lésbico-Gay en otros canones minoritarios no es la preocupación est/ética del proyecto aforístico/aporístico de Franka Polari .
La superficie intervenida visualmente por el des/pliegue de las multitudes queer y el espacio público torcido por la marcha del corpus gay, se (re)pliegan en la presencia un texto que aspira representar la axiología de la praxis activista: "El pronunciamiento político" pretende dar un orden simbólico al palimpsesto semiótico frente a él. Entre ambos hay una relación de tensión, afirmación y diferencia, una relación donde el continente es contenido y viceversa. Lo que se juega aquí son las definiciones del término canon al pie de la letra y a manera de metalepsis (Μετάληψις) . Por ejemplo, para entender la relación entre la Nomenklatura y la semiosis de las multitudes queer al momento de la enunciación del pronunciamiento político, es necesario desplazar, en su sentido metonímico, el concepto jurídico de canon hacia la noción lacaniana de goce, en su versión legal. Dice Lacan en la primer clase de su seminario XX: "El usufructo quiere decir que se puede gozar de sus medios, pero que no hay que despilfarrarlos. Cuando se tiene el usufructo de una herencia, se puede gozar de ella a condición de no usarla demasiado. Allí reside la esencia del derecho: repartir, distribuir, retribuir, lo que toca al goce". En ese sentido, la Ley de Impuesto sobre la Renta de No Residentes de España considera que “tienen la consideración de cánones o regalías las cantidades de cualquier clase pagadas por el uso, o la concesión de uso de: (…) Derechos personales susceptibles de cesión, tales como los derechos de imagen. (…)”. Didier Eribon considera que la praxis política y la movilización "son batallas en torno a la percepción del mundo", por ello la representación, los significados y las connotaciones son el campo de la praxis gay, todo lo demás es partidocracia: la Nomenklatura goza del corpus gay, ese discreto teratoma queer, pero su seducción est/ética y su demagógica unidad narcisista fallan, y sólo obtiene para sí la concesión de los derechos de imagen para dar su batalla en la percepción del mundo. Entonces, la semiosis de las multitudes queer se agota, el corpus gay se desconcentra tras prometerse para el próximo año un (re)encuentro de la carne y su fiesta, ese tiempo mítico y ominoso. Queda el rastro, lo susceptible de representar tal des/composición, un residuum, la ceniza y el polvo. He ahí el botín político de la Nomenklatura, he ahí el Canon Gay.
Al momento de la marcha del orgullo, la (re)presentación del "pronunciamiento político" ante el espacio público reterritorializado por la semiosis y la mimesis de las multitudes queer son un ejercicio ritualístico del Canon Gay. Por medio de una expresión cultural hibrida se empareja a la tradición que se desprende de la protesta política en la marcha conmemorativa del 2 de octubre de 1968, con la mímica de una celebración que conmemora las revueltas de Stonewall, aquella Zona Temporalmente Autónoma que emergió el 28 de Junio de 1969 en Nueva York. Así se revela la marcha del orgullo en México: aAmedio camino entre protesta y gay parade, una formación de compromiso que responde a la cultura mestiza de una nación en condiciones de capitalismo periférico. Franka Polari afirma contundentemente el fracaso de las dos dimensiones engarzadas a manera de teratoma: “Ni marcha ni carnaval”.
El gay parade es en sí el flujo de semiosis de las multitudes queer, su mascarada performática y su mimesis reterritorializada, sin embargo es para sí la encarnación del canon gay y la cesión de derechos de imagen a la Nomenklatura para renovar los cánones, para continuar usando la metáfora jurídica. La marcha es un velo y un pliegue, deseo y consumación, es un despliegue de Hymen en su sentido derridiano, una dimensión donde las diferencias son eliminadas y lo diferenciado destacado; un pliegue donde se resuelve la paradoja de representar la liberación sexual con el imaginario patriarcal; la trama y la tramoya de la mimesis, maniobras especulares y discursivas, donde el género, el poder y la diferencia sexual son (re)interpretados y (re)presentados con tonos paródicos y fársicos. En tanto estrategia performativa, enfatiza las ambigüedades y las ausencias del Otro, esta conducta mimética tuerce las representaciones identitarias y revierte la identificación opresiva al echar mano de la mascarada, el camuflaje y pantomima: esencialismo estratégico tal y como lo define Gayatri Spivak. Las multitudes queer marchan entre el histrionismo y la histeria, es decir, entre la disimulación afirmativa (el gesto reificado), y la simulación sintomática (el habla que dice de más). Las multitudes queer marchan alla maniera del otro, el ejercicio de pose difícil y exagerada de los amanierados. En esta dimensión manierista, no hay relación sexual, tan sólo un placer de simular, die lust an der Vorstellung, en el andamiaje de la ausencia, la repetición y la exageración.
La marcha no se limita al espacio urbano sino que recorre linderos de, los intersticios de los otros cánones gays, es decir, la diversidad de principios de elección (re)productores y estructurantes del consumo semiótico: Cortes múltiples del corpus gay que gozan al mirarse cada uno de sus pliegues y sus plisados. Un teratoma narcista. Ahí van los amanierados, es decir los sujetos que van marchando a la manera de otros: otras latitudes, otras máscaras, otros gestos, otro(s) sexo(s), otras contingencias, otras diferencias y otras imposibilidades. Aquí encontramos la co-emergencia y la disipación de una serie de yoes y no-yoes en un encuentro escoptofílico: la cámara como maquina deseante, la pose compartida como Ethos (ἦθος) y la fotografía como escritura nostálgica de un encuentro público y privado, studium y punctum, en su sentido barthiano. En este sentido vale la pena recordar la com/posición del canon gay y sus contrapuntos consonantes y disonantes estructurados por esta oposición de voces, es decir punctum contra punctum. Este encuentro est/ético en los pliegues del corpus gay sucede en linderos intersubjetivos, en umbrales rizomáticos de diferencia e identificación.
Esta marcha fue marcada por deslindes previos a ella, por parte de diversos nodos de la iconografía de correlaciones. Deslindar, si bien en una acepción significa "aclarar algo, de modo que no haya confusión en ello, también significa, atendiendo a su origen latino delimitare, "señalar y distinguir los términos de un lugar, provincia o heredad". Un deslinde no sólo es un desdicho, es tambien un innuendo, una patadita de costado, (re)producción subjetiva. Deslindar es asunto de lindar, una expresión de espacialidad, esa la fundación liminal que da posición al sujeto en la superficie del discurso y traza lineas de ruptura y fisura, espacios rizomaticos de alteridad. Deslindarse es hacerse converger a un límite, identificarse con no-yoes en los umbrales del discurso. Emergen entonces los sujetos co/lindantes, sujetos políticos en tanto hablantes capaces de actos perlocutorios e ilocutorios, con una relación diferenciada entre si respecto al Canon Gay: Otro estilo, Otra norma, Otra glosa. El deslinde efectúa un trazo en los discursos, suprime polifonías del canon y esboza los márgenes de la alteridad bajo las reglas del narcisismo de las pequeñas diferencias. Aquí existe una responsabilidad en el sentido bajtiano del término: Responder de sí. Una condición básica de una posición est/ética para la acogida del otro en la enunciación. En esta topología del discurso el sujeto tiende al límite, al umbral, es decir, a ese espacio matrixial donde los filamentos (πόρος) intersubjetivos se inflaman de la co-emergencia de posiciones est/éticas que en su reconocimiento especular crean un rizoma de estilos y gustos. Es una ósmosis estructurante, es un umbral, entendiendolo en su sentido de lindero. Por otra parte, Des/lindarse implica la ruptura de toda conectividad y continuidad, por insistir con la metáfora geométrica. Los nodos disminuyen los lazos de comunicación que los unen a otros, unos pocos nodos concentran los flujos y el sujeto se centra fuera de los límites. Este des/linde es la des/composición del canon, es decir, el silenciamiento de la voz de los otros, la ruptura de los filamentos (πόρος) de la trama intersubjetiva y la negación de las posibilidades creativas de la disonancia. Esta es la aporía (ἀπορία) de la que trata el aforismo lapolariano: ἀ (sin) y πόρος (paso), un impasse, la ausencia de filamentos, el pasaje extraviado o la jornada perdida.
Referencias
Bajtin, Mijail. “Arte y Responsabilidad”
Barthes, Roland. “La cámara lúcida”
Beatriz, Preciado. "Multitudes queer!Bey,
Hakim. Zona “Temporalmente Autónoma”
Bourdieu, Pierre. “la metamorfosis de los gustos”
Buttler, Judith. “Cuerpos que importan”
Deleuze, Gilles. “Rizoma:una introducción”
Derrida, Jacques. "De la gramatología"
Eribon, Didier. "La cuestión gay"Ettinger,
Bracha “Copoiesis”. (http://www.ephemeraweb.org/journal/5-X/5-Xettinger.pdf)
Foucault, Michel. “El orden del discurso”.
Granovetter, Mark S. “La fuerza de los vínculos débiles”
Irigaray, Luce. “Espéculo de la otra mujer”.
Kosofsky Sedgwick, Eve. "Epistemología del closet".
Lacan Jaques. "Subversión del sujeto", Escritos I.
Lacan, Jacques. Seminario XX "Goce".
Nietzsche, Friedrich Wilhelm. “El Ocaso de los ídolos”.
Revuelta, Manuel. El concepto de canon en la jurisprudencia tributaria española.(http://www.ief.es/Publicaciones/Revistas/Cuadernos/Volumen%2001_06/Volumen%2001_06/Colab_07_06.pdf)
Spivak, Gayatri. "Estudios de la subalternidad: Deconstruyendo la historiografía"
La Inquisición Rosa
No debieron ser ni las 12 del día y yo no debía de tener más de tres horas de sueño cuando recibí un mensaje de texto por mi celular. Se trataba de un tipo al que había conocido hacía mucho, contactado a través de esa conocida página azul donde los hombres gays entran buscando básicamente sexo, aunque también hay uno que otro ingenuo que en su perfil dice buscar desde una relación hasta el verdadero amor… en fin. Seguramente por el sueño interrumpido y el alcohol, que no terminaba de diluirse en mi corriente sanguínea, no podía recordar sus fotografías. El caso es que este hombre de 32 años, con barba, atlético, atractivo, rapado e inter más pasivo (según sus propias palabras), básicamente quería sexo. Y yo también. Acepté a pesar de que él insistía en ver fotografías mías desde todos los ángulos posibles. Llegó una hora más tarde de lo acordado, con un six de cerveza en la mano y diciéndome que le agradaba que tuviera puesto el disco de los M83, pero cuando se sentó en el sillón me dijo: “¿No te importa si sólo tomamos cervezas? Es que la verdad, en las fotos no te veías tan moreno y…”El pasado 20 de junio se llevó a cabo en la Ciudad de México la XXXI Marcha por el Orgullo Lésbico, Gay, Bisexual y Transgénero. La tradición indica que siempre se lleva a cabo el último sábado de junio, pero este año tuvo que adelantarse para no alterar el clima electoral. La avenida Reforma se llenó de un mestizo arcoiris donde hombres y mujeres homosexuales disfrazados de sus alter egos consentidos, además de travestis, drags que compiten por la peluca más alta y el vestido con más crinolina, y transexuales desfilaron sobre el asfalto o sobre los largos remolques, gritando su orgullo por una sexualidad diferente a la buga mientras bailaban a ritmo de un mix de Kate Perry o de la Trevi. Me pregunto si se sintieron igual de orgullosos más tarde, en las fiestas y en las deliciosas y orgiásticas bacanales de baile y sexo cuando, al momento de ligar, la discriminación se vuelve un ejercicio casi obligatorio: nadie quiere terminar la noche con un moreno, un gordo, un maduro o alguien que no sea gente bien; con una jota, un chichifo, un oso, un bofo, una vestida.
En su introducción al libro La nueva homosexualidad, Marina Castañeda escribe: “En la última década, el matrimonio gay se ha aprobado en más de 20 países. Han tenido un gran éxito comercial diversas películas y series televisivas con temática gay, que presentan a personajes homosexuales sanos, atractivos y a todas luces ’normales’ revirtiendo así una larga tradición de imágenes negativas. La moda y la publicidad han promovido un erotismo bisexual, antes impensable, ahora chic”. Castañeda tiene toda la razón, pero, ¿existirá acaso en esa “normalidad” televisiva, en esa publicidad chic, una delgada línea donde se pierda fácilmente la noción entre la inclusión y la exigencia brutal de cumplir con un estereotipo de lo que es ser gay? ¿En que momento la homosexualidad pasó de ser una preferencia a un estilo de vida demandante? ¿Cuándo fue que la lucha se dio por vencida ante una mercadotecnia cínica e hipócritamente incluyente? Porque en la televisión y la publicidad las figuras homosexuales, casi siempre masculinas, son presentadas como hombres con cuerpos perfectamente trabajados, el cutis cuidado, una moda calculada, un estilo de vida más que definido y una sensibilidad muchas veces trillada y por demás chafa. Series como Queer as folk y Will and Grace mostraron al mundo un estilo vida gay rodeado de hombres atractivos sin problemas económicos o conflictos sentimentales.
Una vez me ligué a un tipo cercano a los 37 años y bastante musculoso. Cuando llegamos a mi departamento se me ocurrió poner el Goo de Sonic Youth. No terminaba “Dirty Boots”, el primer track, cuando mi ligue se empezó a poner nervioso: dijo que yo no era gay, que seguro era de ésos que ligaba gays para asaltarlos, que “la música que escuchas no es nada gay”. Me disculpé y tuve que confesar que a mí la Trevi me ponía nervioso.
Castañeda apunta que: “Los homosexuales gozan en la actualidad de una aceptación a la vez superficial y precaria. La homofobia subsiste en muchos niveles. Paradójicamente, los homosexuales son considerados normales sólo si quedan al margen de la vida ’normal’; son aceptados como cualquier gente sólo si no tratan de volverse realmente como cualquier gente”. Entonces ¿qué pasa cuando los homosexuales repiten el mismo patrón de los bugas, es decir, cuándo son capaces de convivir en una marcha, pero en la intimidad de un departamento consideran que los “gays normales” no deben escuchar a Sonic Youth pero sí a Cher? ¿Dónde queda pues la diversidad que tanto reclamaba el movimiento?
Después de mucho insistirle mediante mensajes en el chat competencia de la página azul, mi presa aceptó cuando le dije que era periodista. Su repregunta, “¿de espectáculos?”, fue seguida de un “ah, periodista, entonces eres gente bien”.
Curiosamente, la comunidad gay cada vez se parece más a los sueños rosas de muchas mujeres educadas con el concepto de la esperanza en un príncipe azul —caballeros guapos de buena posición social— pero, a diferencia de las féminas que ansían casarse, tener hijos y formar una institución familiar envidiable, la mayoría de los gays buscan el hombre perfecto para una sola noche de pasión.
El psicólogo egresado de la UNAM y especialista en temas de terapia en hombres homosexuales, Hernán Paniagua, escribió en 2007 el ensayo “La discriminación al interior de la comunidad gay”, donde señala: “Lo que sucede es que frente a una falta de aceptación de la propia homosexualidad, existe la idea irracional de que, de establecerse contacto con personas notoriamente homosexuales (peyorativamente llamadas ’afeminados’), la propia homosexualidad se potenciará; es decir, es el temor de que uno se volvería más obvio, más ’afeminado’, como por contagio. El homoerotismo ajeno causa mucho ruido, en tanto que el propio constituye todavía una dura carga”.
Recuerdo una vez en el cuarto oscuro de un extinto bar leather, ubicado en la calle de Hamburgo en la Zona Rosa de la Ciudad de México, cuando un señor moreno de más de 40, de rasgos toscos, el pelo rebelde, grasa acumulada en el estómago y unos lentes de aumento pasados de moda intentaba tener sexo con los que ahí deambulábamos. Nadie quería tocarlo. Un hombre delgado con peinado en gel y tal vez 27 años le gritó: “¡Házte para allá, pinche naco!”, aventándolo a una esquina donde tropezó y su cabeza se estrelló contra el filo de la herrería de una ventana. Tuvieron que bajarlo a una ambulancia a pesar de que el señor decía que estaba bien y quería quedarse. Al joven nadie le dijo nada. Seguramente el de 27 años no vivió las tremendas golpizas que sufrieron los homosexuales en los años setenta, no por intentar ligar o robar un beso, sino por el simple hecho de asumirse como diferentes frente a una sociedad que creía tener el poder de condenar aquello que rompiera su hipócrita normalidad.
“Acotemos que también está el derecho a defender los gustos personales: quizá no me gusten los hombres de baja estatura y no por ello estoy discriminando, es cierto, sin embargo, puedo expresar lo que prefiero de una manera en la que no vaya implícito una agresión hacia quienes no son altos, o hacia quienes tienen una forma de ser más femenina” opina Hernán Paniagua.
Después de la marcha me fui a una fiesta. Allí, un tipo se me acercó para darme unos besos. Tenía el cabello con un copete perfectamente peinado y los brazos musculosos. Cuando me levantó la camiseta y vio mi cintura talla 34 me dijo: “No mames, todo iba tan bien, aquí lo arruinaste todo”, mientras me picaba la panza con el dedo índice.
La Campaña Nacional Contra la Homofobia “La homosexualidad no es un problema, la homofobia sí”, nos pregunta “seguramente has escuchado o has dicho algunas de estas frases. ¿Sabías que tales expresiones son parte de la homofobia?”. Las frases son: Cuéntame un chiste de maricones. Pásamela a mí, yo le quito lo lesbiana. Tengo un amigo gay, pero es buena onda. No llores, pareces vieja, te vas a volver puto.
Pero en la famosa página azul de encuentros abundan frases como éstas:
“HOLA BUSCO CUATES LO QUE SE DE. . . BUEN PEX POS GUAPOS ES UN PLUS!!!! NO REGORDETES NO ME GUSTAN.
El antropólogo físico Xabier Lizarraga Cruchaga, especializado en sexualidad humana y autor del libro Una historia sociocultural de la homosexualidad, interrogado sobre la discriminación en la comunidad gay respondió: “En parte se debe a la homofobia y a lo que hemos aprendido en sociedad: homofobia, misoginia, clasismo, racismo. México es un país profundamente racista y no lo queremos aceptar. No somos racistas con el negro, porque si el negro está hospedado en un hotel cinco estrellas y paga en dólares lo adoramos. Somos racistas con los indígenas, con nosotros mismos”.


